Escrito y revisado por Maribel Martínez, podóloga pediátrica · Actualizado el 15 de octubre de 2026
«Mi hijo tiene el pie plano». Es, con diferencia, la frase que más escucho en consulta. Y en la mayoría de los casos mi respuesta es la misma: sí, lo tiene, y a su edad es lo normal.
Soy Maribel Martínez, podóloga pediátrica. El pie plano infantil genera mucha más preocupación de la que le corresponde, y a la vez hay un puñado de señales que sí merecen una mirada. Te cuento cuáles son, para que sepas distinguir lo uno de lo otro.
Todos los niños nacen con el pie plano
El arco del pie no viene de fábrica: se forma. Los bebés tienen una almohadilla de grasa en la planta que rellena el hueco, y además la musculatura y los ligamentos todavía están desarrollándose. Por eso, cuando un niño pequeño se pone de pie, la huella que deja es prácticamente completa.
Ese arco va apareciendo de forma progresiva con los años, normalmente a lo largo de la etapa preescolar y los primeros años de colegio. El ritmo varía mucho de un niño a otro, y tener menos arco que el vecino no significa nada por sí solo.
La diferencia que de verdad importa: flexible o rígido
Esta es la distinción clave, y es fácil de entender.
Pie plano flexible
Es el habitual. El arco no se ve cuando el niño está de pie, pero aparece cuando se pone de puntillas o cuando se sienta y deja el pie en el aire. Es decir: el arco existe, simplemente cede con el peso. La inmensa mayoría de los pies planos infantiles son de este tipo, no duelen y no necesitan tratamiento.
Pie plano rígido
El arco no aparece en ninguna posición, ni de puntillas ni sin apoyar. El pie se nota tieso y con poco recorrido. Es mucho menos frecuente y sí merece una valoración, porque detrás puede haber algo estructural.
La prueba de las puntillas la puedes hacer tú en casa esta tarde. Pídele que se ponga de puntillas y mírale la planta por dentro. Si el hueco aparece, estás ante un pie plano flexible.
Cuándo conviene consultar
No por tener poco arco. Sí por cualquiera de estas:
- Dolor. En el pie, en el tobillo, en la pierna o en la rodilla. Un pie plano flexible no suele doler; si duele, hay que mirarlo.
- Un pie distinto del otro. La asimetría clara siempre merece valoración.
- Rigidez. Si el arco no aparece de puntillas o el pie se mueve poco.
- Cansancio desproporcionado. Que pida brazos mucho más que otros niños de su edad o evite caminar y correr.
- Retroceso. Un niño que ya tenía arco y lo pierde.
- Desgaste muy marcado y desigual en la suela del calzado.
Y una señal indirecta que me parece de las más útiles: que el niño cambie su manera de jugar. El que se cansa o le duele deja de correr, y eso se nota antes que cualquier huella.
Las plantillas: ni milagro ni enemigo
Durante años se recetaron plantillas de forma casi automática a cualquier niño con poco arco. Hoy el criterio es más contenido: en un pie plano flexible y sin síntomas, no hay motivo para poner nada, porque el arco no se «construye» desde fuera.
Otra cosa es un pie que duele, que se cansa o que tiene una alteración concreta. Ahí una plantilla puede tener sentido, pero como parte de un plan y después de una exploración, no como respuesta automática a una huella.
Qué puede hacer el calzado (y qué no)
Seamos honestas: ningún zapato forma un arco. Quien te venda eso te está vendiendo humo. Lo que sí hace el calzado es permitir o impedir que el pie trabaje, y eso no es poco.
Un pie que puede mover los dedos, agarrar el suelo y flexionar con naturalidad desarrolla su musculatura. Uno metido en una suela rígida con el talón elevado tiene menos ocasiones de hacerlo. Por eso busco siempre lo mismo: suela que doble por los dedos, puntera ancha, sin alzas y caña que acompañe el tobillo en lugar de bloquearlo.
Y lo que más ayuda al pie de un niño no se compra: andar descalzo en casa, en la arena, en la hierba. El suelo irregular es el mejor gimnasio que existe para un pie en desarrollo.
Este artículo es información general y no sustituye a una consulta. Si algo de lo que has leído te suena a tu hijo, que lo vea un profesional.
Lo que yo haría
Haz la prueba de las puntillas y fíjate en si se queja, si se cansa antes que los demás o si un pie es distinto del otro. Si no hay nada de eso, respira: tienes un pie en desarrollo, no un problema.
Y revisa con qué camina. Puedes ver los modelos que paso por revisión en la tienda, o escribirme por la asesoría de calzado y lo miramos sin compromiso.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad debería tener ya el arco formado?
No hay una fecha exacta, y ahí está parte de la confusión. Se considera que el arco se va definiendo durante los años preescolares y los primeros del colegio, con mucha variabilidad entre niños. La edad por sí sola no es motivo de alarma; los síntomas sí.
¿El pie plano se hereda?
Hay un componente familiar en la forma del pie, igual que en la estatura. Que el padre tenga poco arco no condena al hijo a tener un problema.
¿Tiene que dejar de hacer deporte?
No. Un pie plano flexible y sin dolor no limita la actividad, y moverse es justo lo que más le conviene. Si aparece dolor con el deporte, eso ya es otra conversación.
¿Le hace falta un zapato «con arco» o de contrafuerte rígido?
No para formar el arco, porque no lo forma. Lo que necesita es un zapato que le deje mover el pie. Si hay una indicación concreta tras una exploración, es distinto.
Maribel Martínez Calderón
Podóloga pediátrica · Colegiada nº 1974
Podiabel · Las Cabezas de San Juan (Sevilla)
Podóloga pediátrica · Fundadora de Podiabel
Nº de colegiada: 1974 — Colegio Oficial de Podólogos de Andalucía
Podóloga pediátrica en Sevilla y fundadora de Podiabel. Especializada en el desarrollo del pie infantil y en la elección de calzado respetuoso para cada etapa de crecimiento. Conoce a Maribel.